Juan Carlos Parisca Pérez
Este tema me trae a colación experiencias extraídas del pasado vivido en Venezuela en los años 60, que tienen pertinencia para la formulación de la estrategia de la defensa de la Patria ante una invasión armada extranjera.
En la coyuntura histórica que atravesamos desde el inicio de la Revolución Bolivariana, la posibilidad de una agresión imperialista se ha hecho una realidad histórica cotidiana y permanente, lo cual fue visualizado por el Comandante Hugo Chávez Frías, quién encabezó el cambio de la estrategia militar para la defensa de la patria, contenida en la Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.
Nuestra Patria tiene que prepararse para la intervención armada de fuerzas de la reacción nacional y extranjera, para lo cual tiene que formular una estrategia diferente a la de la guerra regular convencional, en la cual nuestras fuerzas armadas serían superadas por las del imperialismo, por contar éste con un poder de fuego mucho mayor, y disponer de unarmamento y elementos materiales considerablemente más poderosos.
Para llevar a cabo la defensa victoriosa de nuestro país hay que adoptar una estrategia basada en factores superiores que aquellos con los que cuenta el enemigo. El principal es la capacidad de combate del pueblo, en una guerra defensiva en todos los terrenos, tomando el carácter conocido históricamente como Guerra del Pueblo.
En esta estrategia la participación directa del pueblo, formando un mismo contingente con la Fuerza Armada Bolivariana, preparado para la defensa del territorio y de nuestras riquezas, es el factor decisivo para alcanzar el resultado favorable. Esta actuación conjunta se basa en la formación de la que hemos llamado en forma preliminar Fuerza Armada Popular de Seguridad y Defensa, la cual actuaría conjuntamente con la Fuerza Armada Bolivariana, jugando un papel fundamental con la participación de todas las clases sociales. Todos los estamentos del pueblo: Los obreros, los campesinos, los jóvenes, los profesionales, los intelectuales y los estudiantes.
En la Guerra del Pueblo la unidad cívico-militar tiene una pertinencia única, como verdadero factor de victoria. Tiene un valor mucho más allá de toda retórica, formando parte fundamental de los fenómenos que tienen lugar dentro del proceso histórico del cambio revolucionario.
Particular significación tiene para mí esta tarea, por permitirme mencionar ideas y conceptos que conservo en la memoria desde el tiempo ya lejano en que tuve el honor de formar parte de las filas revolucionarias del Frente Simón Bolívar, bajo el mando del Comandante Argimiro Gabaldón, pionero y héroe de la Revolución Venezolana. La conexión con las masas campesinas era uno de los principios cardinales de su pensamiento estratégico. La población más pobre del país era nuestro aliado más importante. Había que construir un ejército popular en la zona más propicia, las montañas, e irradiar desde allí hacia el resto del país, para ir incorporando nuevos contingentes a la lucha.
En el Frente Simón Bolívar en la zona montañosa de los Estados Lara, Portuguesa y Trujillo, la lucha armada conoció experiencias de Guerra del Pueblo, donde las unidades de combate se mimetizaron entre las masas campesinas, donde pudieron operar manejando con fluidez los principios tácticos de movilidad, concentración y desconcentración, en función de los planes operacionales que les fueron impartidos por su comando.
La creación del Frente de Liberación Nacional FLN era una misión simultánea, donde participaba la población directamente. Debían crearse Comités del FLN en todos los caseríos y pueblos. Recuerdo un Comité de la zona del Rio Yacambú que, en la cosecha de 1964, en conjunto entre los campesinos y los combatientes, se sembró, se cuidó y se recogió una enorme cantidad de maíz, que sirvió para alimentar a unos y otros. Así mismo el dominio del terreno era una condición fundamental que debían adquirir todos los combatientes, fueran de procedencia campesina o urbana, además de un continuo trabajo político entre los pobladores de las regiones donde operaban los destacamentos guerrilleros. Así los combatientes se formaban para vivir entre la población más pobre del país, que era la fuerza política fundamental. Al mismo tiempo debían pasar por un profundo cambio psicológico, moral. Era la transformación psicológica del hombre, urbano o rural, en cuadro del ejército del pueblo.
Puedo citar sin ninguna vergüenza la siguiente anécdota vivida personalmente: Uno de aquellos días le dije a Lila, mi esposa “…es que yo ahora soy militar…” no me entendió, pero en el fondo yo constataba que la lucha me había transformado la psicología. Sentía, y sigo sintiendo, después de tantos años, una nueva vocación, la de militar del “ejército del pueblo”.
juan.parisca@sigoweb.com
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