El paramilitarismo hasta ahora era un secreto a voces. En la frontera con Colombia toda la población sabía lo que pasaba, pero pocos se atrevían a hablar.
Los habitantes del municipio Pedro María Ureña han sufrido por más de dos años los embates violentos de los grupos paramilitares.
Los cobros de vacunas y la extorsión, se convirtieron en reclutamiento obligatorio para bandas de narcotráfico y sicariato. Los jóvenes que se opusieron a esta idea, tuvieron que pagar con su vida.
60 almas entre los 14 y 27 años fueron arrebatadas por los grupos de una organización paramilitar que es dirigida desde el Colombia, por una burguesía narcotraficante, que funciona como brazo armado de los intereses del capital transnacional, protegidos desde Washington.
Tuvo que llegar la OLP en este pueblo fronterizo, para que se destapara una verdad, que estaba amordazada bajo constante amenaza de muerte.
El terror que de manera entretenida se mostraba en las famosas narconovelas, es encarnado por matones infames que funcionan como la guardia pretoriana de Uribe y su combo; y que lamentablemente el gobierno Colombiano, dirigido por la oligarquía tradicional, aplica el coro de Shakira, haciéndose los ciegos, sordos, mudos.
Cerca de 5,6 millones de colombianos se vinieron a Venezuela huyendo de ese fenómeno. Y hoy los recuerdos y las noches de pesadillas le vuelven a aquel pueblo, pues temen que el terror los vuelva a alcanzar en nuestra tierra.
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