domingo, 26 de abril de 2015

LA ESPOSA DEL PRESIDENTE DEL CONGRESO MOVIÓ MILLONES EN NEGRO CON UN BANCO DE SU FAMILIA QUE ACABÓ INTERVENIDO

El presidente del Congreso, Jesús Posada, y su esposa, Blanca de la Mata, en la boda de Ana Aznar y Alejandro Agag, en San Lorenzo del Escorial en septiembre de 2002. EFE/CHEMA MOYA/nr QUE NOS DICE EL SEÑOR AZNAR Y SU CÓMPLICE RAJOY O  SUS REYES, LA INFANTA ESTA IMPUTADA POR LADRONA.

eldiario.es

Blanca de la Mata, esposa de Jesús Posada, manejó 180 millones de pesetas en dinero negro en 1988 a través de unos pagarés diseñados para esquivar a Hacienda. Al cambio actual, descontada la inflación, equivalen a 2,5 millones de euros
La familia política de la tercera autoridad del Estado gestionó a finales de los ochenta cientos de millones en efectivo mediante un banco del que eran accionistas: Eurocapital. Quebró en 1991, fue intervenido por el Banco de España y en él se descubrió una multimillonaria caja negra
Jesús Posada confirmó en un primer momento a eldiario.es que su esposa había regularizado con Hacienda esos millones, pero después lo ha negado


Cheques al portador llenos de ceros. Dinero negro. Un banco con contabilidad en B que acabó quebrado, que tuvo que ser intervenido y que dejó un agujero de 17.000 millones de pesetas. Y en medio de toda esta trama, una familia aristócrata y multimillonaria con fuertes conexiones con la política: los De la Mata y Pobes, dueños de una de las principales distribuidoras de bebidas alcohólicas de España. La redacción de eldiario.es ha podido acceder a una relevante documentación inédita que demuestra la implicación de Blanca de la Mata y Pobes –la esposa del hoy presidente del Congreso, Jesús Posada–, su madre y sus hermanos en el manejo sistemático de dinero negro y en uno de los mayores escándalos financieros de esa época: el caso Eurocapital.

España, 1988. La conciencia fiscal es escasa entre los más ricos. Las grandes fortunas del país acuden de forma masiva a un refugio para el dinero negro ideado por el propio Gobierno, de la mano del socialista Miguel Boyer, que prefiere que al menos el capital no huya del país. Es una suerte de paraíso fiscal sin salir de casa: unos pagarés del Tesoro opacos para el fisco, que no tenían retención, que no pagaban impuestos, que apenas generaban rentabilidad y que solo servían para mantener el dinero a mano, sin tener que guardarlo en el colchón o fuera de España. El Estado vendía esos títulos y no hacía preguntas sobre el origen del dinero.


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